6.4.09

De los hábitos perdidos

Supongo que todos tenemos malas noches; ayer fue una de ellas. De esas que te dejan sin dormir y sin resuello, y acabas deseando descansar para que termine todo.

Pero incluso de esta mierda, puedes aprender. Y si no lo haces, mereces todo lo que te pase.

Hoy me di cuenta de que, con el tiempo, he cambiado. Mi vida es muy corta, sólo tengo 23 años y eso me imposibilita hablar de muchas cosas que con el tiempo entenderé y apreciaré, porque sólo puedes apreciar lo que vives.

Sin embargo, he cambiado mucho en muy poco tiempo. Como a todos los cambios, cuesta adaptarse. He vivido el Cielo, y he vivido la Muerte, he vivido la Soledad y he vivido la Alegría. Cuatro sentimientos importantes, cada cual más intenso. Me he distanciado de la Inocencia y del Amor, y me he acercado a la Experiencia y al Instinto de Supervivencia. Y al Desprecio. Y a la Falta de Fe.

No me considero más lista, pero sí más lúcida. Eso me ha llevado a dormir poco. O al revés; dormir poco me ha llevado a conocer todo esto.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte he cambiado uno de mis hábitos más viejos. El de botas, mochila, libro y tabaco. No sé por qué ha desaparecido. No sé qué parte de mi vida se lo tragó, ni sé en qué momento todo se saturó tanto que ya ni fui capaz de cargar con ello.

Ese hábito se acerca más a ser yo de lo que nada se ha acercado jamás. TENGO que recuperarlo.

Por eso nunca podré pagarte que, de todos los mundos que me abriste, enserñarme a leer haya sido lo más maravilloso que has hecho. Aunque te hayas ido antes de tiempo.

El único refugio que me resta, que me ha restado siempre, es el papel. Libros, folios, manuscritos, obras completas, versos, ensayos. Un artículo de clase a mi derecha y una compraventa del siglo XVI a mi izquierda. Auténtica y en buen estado. Un regalo que nunca seré capaz de agradecer como es debido.

Por eso escogí esta carrera. Porque una de las poquitas armas que tenemos para defendernos del Miedo, de la Soledad, del Desamor y de la Maldad, es leer. Aprender. No dormir. Pensar. Porque cuando todo falla, siempre te van a quedar los libros.

Es una certeza matemática.

1 comentario:

La Fragua dijo...

la miro... tal vez no fuera la mas bella, pero si el mas bello complemento para una noche perfecta, sus botas, sus andares y su leve contoneo innato, fruto de la casualidad y del sensual movimiento que de su persona emanaba. Un cigarrillo en sus bellas manos, no unas manos producto de un cuidado rallano en la obsesion sino unas manos hechas para vivir. La mochila en sus hombros.... en fin, una mujer, una mujer de carne y hueso.... como debe de ser.