En mi cabeza que iba a doscientos no dejaba de sonar Summer 78.
Hasta entonces no me había dado cuenta de lo frágil que podía ser todo, de las cosas que esperas veinticinco años hasta que suceden. De que todo lo que has soñado es real, tangible. Que está sobre tí, que sonríe y que pronuncia las palabras mágicas que desbocan tu hipocampo.
Veinticinco años.
Alguien se ha atrevido a decir lo que ninguno de vosotros, hombres cobardes, infelices, desinteresados, incapaces, apáticos, obtusos y manifiestamente estúpidos se había atrevido a mencionar antes. Tan diferente a los demás como cualquier otro ha tenido el valor de sonreír quedándose con toda la luz del Sol, desgranando toda la suavidad de la que es capaz una persona cuando pone el alma en los labios y susurra un sueño despacio, sosteniéndolo en el silencio entre los dedos, mimándolo y acunándolo como el bien más preciado que posee.
Y ese esfuerzo ha sido recompensado con lágrimas, por supuesto.
Con toda la devoción de un corazón rendido, con toda la solidez que conlleva no volver a dudar nunca más, con toda la calidez de la felicidad compartida, con el alivio de descubrir que efectivamente existes, con la alegría de desnudarme frente a ti, con la genuina sorpresa de merecérmelo, con la certeza de que por una vez llorar merece la pena, con toda la ternura de un futuro cargado de promesas.
Yo también te amo.
Hasta entonces no me había dado cuenta de lo frágil que podía ser todo, de las cosas que esperas veinticinco años hasta que suceden. De que todo lo que has soñado es real, tangible. Que está sobre tí, que sonríe y que pronuncia las palabras mágicas que desbocan tu hipocampo.
Veinticinco años.
Alguien se ha atrevido a decir lo que ninguno de vosotros, hombres cobardes, infelices, desinteresados, incapaces, apáticos, obtusos y manifiestamente estúpidos se había atrevido a mencionar antes. Tan diferente a los demás como cualquier otro ha tenido el valor de sonreír quedándose con toda la luz del Sol, desgranando toda la suavidad de la que es capaz una persona cuando pone el alma en los labios y susurra un sueño despacio, sosteniéndolo en el silencio entre los dedos, mimándolo y acunándolo como el bien más preciado que posee.
Y ese esfuerzo ha sido recompensado con lágrimas, por supuesto.
Con toda la devoción de un corazón rendido, con toda la solidez que conlleva no volver a dudar nunca más, con toda la calidez de la felicidad compartida, con el alivio de descubrir que efectivamente existes, con la alegría de desnudarme frente a ti, con la genuina sorpresa de merecérmelo, con la certeza de que por una vez llorar merece la pena, con toda la ternura de un futuro cargado de promesas.
Yo también te amo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario