No se puede esconder lo que eres. Al menos no mucho tiempo.
Hasta yo caí en ese error hace años y aún estoy pagando las consecuencias de esa sensación asfixiante, tóxica, que se te pega a la piel como el plástico y no te deja respirar. Ahora ya no puedo. Me ha consumido tanto que me resulta imposible espirar y cincelarme la sonrisa en la cara, gastada, artificial, mentirosa, amoldada a los caprichosos dolores de lo irreal.
Incapaz, no encuentro aún en qué momento se rompió mi capacidad para hacerlo. Quizá cuando te veía llorar, destrozado porque yo ya no estaba en tu vida. O quizá cuando me arrancabas las lágrimas a empujones, sudando en mi cama. Ni siquiera sé si darte las gracias o abofetearte, ahora que me despierto empapada soñando que me encuentras. Pero está claro que te lo debo a tí. Te debo poder mirarme al espejo todos los días y estar satisfecha con lo que veo. A cambio de esto, te devuelvo entera la capacidad de sonreír sin ganas, los silencios elocuentes que seguían mis errores al aceptar algo que ni en sueños hubiera pensado en tragar. Todo para nada.
Y ahora no puedo. De verdad que no puedo. Automáticamente, bufo como un gato y se escapa de mi control; vuelven a invadirme la sensación de asco y las ganas de salir corriendo, los recuerdos se agolpan y sacuden como una maza. Nunca me pedirías que lo hiciera, y yo jamás podría dártelo. Lo siento. Lo siento de verdad. No voy a volver a hacerlo.
Hasta yo caí en ese error hace años y aún estoy pagando las consecuencias de esa sensación asfixiante, tóxica, que se te pega a la piel como el plástico y no te deja respirar. Ahora ya no puedo. Me ha consumido tanto que me resulta imposible espirar y cincelarme la sonrisa en la cara, gastada, artificial, mentirosa, amoldada a los caprichosos dolores de lo irreal.
Incapaz, no encuentro aún en qué momento se rompió mi capacidad para hacerlo. Quizá cuando te veía llorar, destrozado porque yo ya no estaba en tu vida. O quizá cuando me arrancabas las lágrimas a empujones, sudando en mi cama. Ni siquiera sé si darte las gracias o abofetearte, ahora que me despierto empapada soñando que me encuentras. Pero está claro que te lo debo a tí. Te debo poder mirarme al espejo todos los días y estar satisfecha con lo que veo. A cambio de esto, te devuelvo entera la capacidad de sonreír sin ganas, los silencios elocuentes que seguían mis errores al aceptar algo que ni en sueños hubiera pensado en tragar. Todo para nada.
Y ahora no puedo. De verdad que no puedo. Automáticamente, bufo como un gato y se escapa de mi control; vuelven a invadirme la sensación de asco y las ganas de salir corriendo, los recuerdos se agolpan y sacuden como una maza. Nunca me pedirías que lo hiciera, y yo jamás podría dártelo. Lo siento. Lo siento de verdad. No voy a volver a hacerlo.

1 comentario:
Keep walking :)
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