20.10.08

De lo que difícil que es vivir

No sé cuánto se tarda en superar una muerte.

No sé si es un año, dos, siete, dieciocho, porque ni siquiera sé si se llega a superar alguna vez.


Tampoco sé si hay unos parámetros fijos, o un método, o un sistema, o un remedio, o un hábito, si hay que llorar mucho o poco, o negarlo, o aceptarlo.

No conozco nada que me ayude a tomármelo con más calma, nada que haga que mi vida mejore.

Ni sé cuánto tengo que esperar para dejar de sentir, pero la decepción de no encontrarte al otro lado del teléfono empieza a ser una constante.

Los que dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, mienten; tenía muy claro todas y cada una de las onzas de oro de Indias que valías.

El sábado fue tu cumpleaños; obvié hacerte un regalo porque desde que te comen los gusanos te has vuelto bastante desagradecido al respecto. Y bastante callado también, por eso no me molesto en darte las gracias por haberme enseñado a leer.

A veces me dan ganas de echar a correr como ahora mismo, sin dirección, por el puro placer de correr hasta que queman los pulmones.

Normalmente, en vez de eso, me siento y lloro.

Mi primera reacción fue asistir a todo el acontecimiento como si la cosa no fuera conmigo; no fui capaz de asumir las circunstancias, todo me parecía irreal.

Supuse que pasado un tiempo prudencial, me ayudaría a verlo todo de otra manera; creo que sustenté los primeros meses en ese pensamiento. Pero ahora veo que no llega, que lo veo más negro que antes y que el tiempo que pasa no hace si no empeorar la situación.

Diga lo que diga la gente, ni hay Cielo, ni hay Infierno.

Todo eso está aquí: mi Cielo es levantarme por las mañanas a su lado y mi Infierno debe ser algo muy parecido a esto.

No hay NADA. Precisamente ése es el problema, que detrás no hay nada de nada.

Llorar no vale, gritar no vale, sonreír no vale, a veces ni siquiera amar vale.

No me importa reconocer que aún me duele, que es la única cosa que me hacer perder el sueño y la tranquilidad. Lo único que sé que no soy capaz de solucionar.

Ni puedo ni quiero seguir tus pasos, ni creo que me vas a estar esperando cuando me muera, a no ser que herede el nicho, cosa bastante improbable.

No he ido a verte ni una sola vez, ni a ponerte flores, ni a arrodillarme, ni a echarme a llorar.

Sé de sobra de qué color es el mármol blanco; puedo mirarlo en cualquier libro, así que no creo que vaya nunca.

Igual verte allí me ayudaría a tenerlo un poco más claro, pero me faltan cojones para comprobarlo.

No he vuelto a dejar que nadie me coja como lo hacías tú, ni a dejar que nadie me llame como me llamabas tú.

Ni siquiera sé por qué tengo los bolsillos llenos de tizas de sastre.

1 comentario:

Manuel D. "LLO" dijo...

"Una muerte no es como perder el curro o divorciarse. No lo "superas".Tienes que integrarla en tu vida. Aprender a vivir con ello.

Pero... la vida mejora".

-Lobezno

(Manda cojones que yo esté citando a Lobezno, pero a tí seguro que te hace ilusión :P)