8.11.09

De cómo estar fuera de control

Odio lo que pasa cuando no soy capaz de controlarme.

Odio la sensación de que algo va a ocurrir y no puedo pararlo, porque no soy capaz.

Odio cuando me dicen una palabra, se me saltan los fusibles y no soy capaz de hacer lo que debo. Se me agolpan los recuerdos, la misma palabra durante años, los mismos problemas, las mismas voces. Y todo me parece igual aunque sé que no lo es. Pero es que ya no quiero más.

Durante un rato todo me da igual y sólo me centro en esa sensación de descontrol, de no querer hacer daño a los demás. Ni a mí misma.

Luego todo pasa y sólo me apetece desaparecer y llorar. Y estar hecha polvo.

Como esta tarde.

Y entonces te odio. Te odio con todas mis fuerzas, porque me has convertido en algo que no quiero ser.

Odio el poso que has dejado en mí y que aún no he podido eliminar. Pero podré, cabrón. No lo dudes ni por un puto momento.

Ten por seguro que no va a ser tan fácil, porque ahora la ventaja la llevo yo que tengo veinticuatro y tú cincuenta y seis. Ya no puedes machacarme.

YA
NO
PUEDES
JUGAR
CONMIGO

El día menos pensado, me saltarás los fusibles. Y ahí no me va a importar tanto perder los estribos.

Te espero.

2 comentarios:

La Fragua dijo...

un ruso blanco no lo cura, pero media docena acaban por dejar ver un punto de vista mas llevadero, faeme caso rapaza!!!

Insomne dijo...

Creo que es hora de tomar medidas más radicales :D